Kameni: “Michel no fue valiente conmigo”

JOAN VALLS

Tras 12 temporadas en el fútbol español (ocho en el RCD Espanyol y cuatro en el Málaga) dice adiós. Carlos Kameni inicia una nueva aventura. Ayer pasó la revisión médica, firmó y participó en el primer entrenamiento con sus nuevos compañeros. Sus próximos tres años los pasará en Estambul, defendiendo los colores del Fenerbahce.

Su despedida del Málaga ha sido inesperada y sorprendente. Para el portero camerunés ha sido triste e inmerecida, con causas más allá del simple terreno futbolístico. Recién confirmado su traspaso, Carlos comenta todo lo que ha sucedido. Se acaba una etapa. Como muchas cosas en la vida, hay un principio y un final. Hay que afrontar la realidad.

Una realidad muy diferente a la que ha vivido hasta ahora…

Sí, porque estaba muy acostumbrado a mi vida en España y ahora voy a un país que no conozco, muy diferente. Por lo tanto será un cambio sustancial y habrá que ver cómo nos adaptamos.

Aunque había otras opciones aparte del Fenerbahce, de Italia y Portugal, incluso alguna del fútbol español.

Así es. Pero corría el tiempo y no acababan de concretarse. Tenía que tomar una decisión pues el club turco estaba apretando para cerrar la operación. La oferta era buena y el Fenerbahce es uno de los más fuertes del país. Pensé que no debía perder el tiempo y me decidí.

¿Se marcha con tristeza del Málaga?

Sí, no puedo negarlo. Me voy triste por la forma en que ha sucedido todo. El año pasado renové por cuatro temporadas y pensaba que iba a retirarme en el Málaga. Además, después de hacer una buena campaña, de repente me dicen que tengo que marcharme porque no cuentan conmigo.

¿Cómo sucedió todo?

Un día me vino el director deportivo y me dijo que Michel prefería a otro portero y que si seguía en el Málaga no iba a jugar. Me quedé de piedra. Pero lo que más me dolió fue que el míster no se atreviera a decírmelo a la cara. Tuve una charla con él un mes antes de terminar la Liga y ni tan siquiera me lo mencionó, a pesar de que ya tenía la decisión tomada y yo sabía que me estaban ofreciendo a otros equipos. Teníamos contacto a diario y en ningún momento me insinuó que me buscara una salida.

¿Le cogió por sorpresa?

¡Sí, claro! Me puse a reír para no llorar.

Un poco extraño, ¿no?

Sí, aunque a mí en el mundo del fútbol ya no me sorprende nada. Michel me dijo que el club le iba a proponer una lista de porteros de la que quizá elegiría uno, que el que mandaba era el director deportivo. Pero (se ríe con algo de sarcasmo) ya no soy un niño, el que manda es él, el que pide los jugadores es el entrenador. Lo mínimo que podía hacer Michel era dar la cara y hacerme saber su decisión. Y se respeta y se acepta o no. Cada uno tiene sus gustos y sus colores. Si a él no le gustaba mi estilo o mi persona, no pasa nada. Me lo dice a la cara y ya está.

¿Insinúa que la decisión de Michel va más allá del terreno futbolístico?

Prefiero pensar que la decisión es únicamente deportiva. Pero ya sabemos que el mundo del fútbol es muy raro y se ve de todo. A uno se le quiere por ser alto, a otro por ser bajito, por ser blanco o por ser rojo… no quiero decir negro. Cuando estás jugando y ves que lo estás haciendo bien, no creo que haya ningún motivo para que te pidan que salgas del club. Se puede añadir competencia, se pueden hacer muchas cosas, pero no me dijeron “te quedas para pelear” sino “te vas del club sí o sí”. ¡Así de radical! Por esto no creo que la decisión de Michel sea sólo por razones futbolísticas. Hay algo más. ¡Él sabrá! Además, yo era el único portero con contrato del primer equipo. No era que fuéramos tres y que hubiera que quitar uno o dos, no era eso, yo era el único. No creo que la decisión fuera por cuestiones estrictamente futbolísticas, ahí hay otra cosa.

¿Qué ha querido decir con eso de ser blanco o rojo y que no quería decir negro?

Lo he dicho porque a día de hoy se ven muchas cosas raras en el fútbol. La gente, no voy a decir los valientes, sino la gente que respeta, dice las cosas a la cara, se expresa claramente. Hubiera preferido que Michel me dijera a la cara que no contaba conmigo en lugar de irse por las ramas comentándome que el club iba a buscar a otro portero. Eso me iba a doler, pero hubiera respetado la decisión y también hubiera respetado a la persona. Pero no fue así y Michel empezó a jugar, a mandar balones fuera, a involucrar al director deportivo. Michel no fue valiente conmigo.

¿Le guarda rencor?

¡No, en absoluto! Además, es una persona que no conozco. Me hubiera afectado mucho si me hubiera hecho lo mismo una persona con la que hubiese convivido durante un tiempo más o menos largo. ¿Rencor? ¿Para qué? Yo tengo una vida alegre. No voy a cambiar mi personalidad por una decepción como esta. La vida sigue. Sólo insistir una vez más en que la gente que respeta y que quiere ser respetada dice las cosas a la cara, muestra su valentía.

Va a alejarse de una afición que creo que le quería mucho.

Sí. Y precisamente pensando en esta afición se me queda algo en la garganta. No consigo tragar lo que me han hecho porque entre la afición y yo hay mucha química, mucho respeto, mucho amor. Va a ser difícil meterme en la piel de nuevo jugador del Fenerbahce. No estaré a su lado, pero los aficionados saben que tengo el corazón malagueño. Es una separación muy dolorosa.

Vamos, que los echará de menos.

Seguro.

¿Y ellos a usted?

¡También! Creo que también. No sólo me querían por mis paradas, sino que también existía un sentimiento muy especial por ambas partes fuera del campo

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